Manual de supervivencia para el estudiante, el refrigerador compartido

Vivir con otros estudiantes tiene muchas ventajas. Compartes gastos, conoces gente, ganas independencia y casi siempre tienes a alguien con quien comentar el último examen desastroso. Pero también descubres rápidamente que algo tan sencillo como abrir el frigorífico puede convertirse en una cuestión de convivencia.

4 estudiantes frente al frigorífico hablando

¿De quién es ese yogur? ¿Podemos usar todos la leche? ¿Por qué alguien ha ocupado una balda entera con seis táperes? ¿Quién dejó media cebolla sin tapar? ¿Y cuánto tiempo lleva ese recipiente misterioso viviendo al fondo del frigorífico?

Organizar un piso compartido no consiste en redactar un reglamento de cincuenta páginas. Normalmente basta con acordar unas pocas normas antes de que aparezcan los problemas. Y la refrigeradora es un buen lugar para empezar.

En esta guía veremos cómo dividir el refrigerador, qué comida tiene sentido compartir, cómo organizar las compras y qué pequeñas normas pueden mejorar mucho la convivencia entre estudiantes.

Porque compartir piso debería servir para aprender a vivir por tu cuenta, no para iniciar una guerra diplomática por un queso desaparecido.

Pequeño electrodoméstico, grandes conflictos

En un piso de estudiantes hay zonas que generan más roces que otras. El baño es una. La cocina es otra. Y dentro de la cocina, el frigorífico merece casi una categoría propia.

El problema no suele ser únicamente el espacio. Normalmente es la falta de acuerdos.

Imagina un piso con cuatro estudiantes.

Uno cocina prácticamente todos los días. Otro vive de bocadillos y comida rápida. Otro hace una compra enorme una vez a la semana. Y el cuarto vuelve los domingos de casa con varios táperes preparados por su familia.

Los cuatro necesitan utilizar el mismo electrodoméstico para conservar la comida, pero no necesariamente de la misma manera.

Por eso, una de las primeras reglas de convivencia debería ser muy sencilla:

Lo que parece obvio para ti puede no serlo para tus compañeros de piso.

Si todos saben desde el principio qué espacio pertenece a quién y qué alimentos son comunes, desaparecen muchos problemas.

Esto forma parte de algo más amplio cuando empiezas la universidad lejos de tu ciudad. Tienes que aprender a comprar, cocinar, limpiar, organizar tus gastos y convivir con personas que probablemente tienen costumbres diferentes a las tuyas.

Si estás precisamente en esa etapa, también puede ayudarte esta guía con consejos para estudiar fuera de casa, donde encontrarás otras recomendaciones para adaptarte a la vida universitaria lejos de casa.

Cómo dividir el refrigerador en un piso compartido

No existe un único sistema válido. Lo importante es elegir uno que todos entiendan y puedan mantener.

Una balda para cada persona

Es probablemente la solución más sencilla.

Si sois tres estudiantes y el frigorífico dispone de tres zonas aprovechables, cada persona puede utilizar una. Los cajones, la puerta y otros espacios pueden repartirse aparte.

Este sistema tiene varias ventajas:

  • Cada uno sabe qué alimentos son suyos
  • Nadie necesita preguntar constantemente
  • Es fácil detectar productos olvidados
  • Reduce las discusiones por falta de espacio
  • Facilita organizar las compras individuales

Hay que tener en cuenta una cuestión importante. No todas las zonas del refrigerador sirven igual para conservar cualquier alimento.

Por eso, repartir las baldas no debería significar ignorar cómo debe almacenarse la comida.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda mantener el frigorífico entre 0 y 5 °C y separar adecuadamente los alimentos cocinados de los crudos para reducir el riesgo de contaminación cruzada.

Es decir, está bien tener tu propia zona, pero la conservación correcta de los alimentos debe tener prioridad.

Cajas para cada compañero

Otra posibilidad consiste en utilizar cajas abiertas o pequeños organizadores.

Cada estudiante puede tener uno o varios recipientes identificados con su nombre.

Por ejemplo:

  • Caja de Ana
  • Caja de Miguel
  • Caja de Laura
  • Zona común

Este sistema funciona especialmente bien cuando las baldas son grandes y resulta difícil dividirlas de manera equilibrada.

No hace falta convertir el refrigerador en el almacén de una multinacional. Unas etiquetas sencillas son suficientes.

Zonas personales y una zona común

Para muchos pisos de estudiantes, esta es probablemente la opción más práctica.

Una parte del refrigerador se reserva para productos individuales y otra para comida compartida.

La zona común puede incluir:

  • Mantequilla
  • Algunas salsas
  • Bebidas
  • Determinados quesos
  • Productos comprados entre todos
  • Comida preparada para una cena conjunta

Así se evita uno de los clásicos de cualquier piso universitario: cuatro botes abiertos de mayonesa ocupando toda la puerta porque nadie quiere utilizar el de los demás.

¿Qué comida merece la pena compartir?

Aquí comienza la verdadera negociación.

Compartir absolutamente toda la comida puede funcionar en algunos pisos, pero exige tener hábitos, horarios y presupuestos bastante similares.

En la mayoría de los casos resulta más práctico utilizar un sistema mixto.

Productos fáciles de compartir

Hay alimentos básicos cuyo consumo suele ser pequeño o que todo el mundo utiliza para cocinar.

Por ejemplo:

  • Sal
  • Azúcar
  • Aceite
  • Especias
  • Harina
  • Algunas salsas
  • Café, si todos consumís uno parecido
  • Productos básicos de cocina

Comprar cuatro paquetes de sal para una vivienda con cuatro personas probablemente no aporta demasiado.

Con el aceite ocurre algo parecido. Puede ser más cómodo comprar una botella común y repartir el coste.

Productos que depende del piso si conviene compartir

Después encontramos otra categoría.

Aquí podrían entrar:

  • Leche
  • Huevos
  • Pan
  • Queso
  • Mantequilla
  • Fruta
  • Verdura
  • Bebidas
  • Productos de desayuno

En estos casos depende muchísimo de los hábitos de cada persona.

Si todos bebéis aproximadamente la misma cantidad de leche, compartirla puede ser práctico.

Si una persona toma varios vasos diarios y otra utiliza un pequeño chorrito cada dos semanas para el café, probablemente el reparto dejará de parecer justo muy pronto.

Una buena regla sería:

Compartid aquello cuyo consumo sea parecido y cuyo coste resulte fácil de repartir.

Productos que normalmente es mejor mantener separados

Hay alimentos especialmente adecuados para provocar la famosa pregunta:

“¿Quién se ha comido lo mío?”

Por ejemplo:

  • Platos preparados
  • Comida que has traído de casa
  • Productos caros
  • Alimentos especiales
  • Comida para llevar
  • Postres individuales
  • Ingredientes reservados para una receta
  • Productos que consumes tú habitualmente y los demás no

Si ayer preparaste pasta suficiente para cenar hoy después de cinco horas de biblioteca, descubrir que alguien se la ha comido puede poner a prueba incluso las mejores amistades.

Una norma sencilla evita muchas discusiones:

Si no está identificado como común, se considera personal.

Cómo organizar las compras compartidas

Compartir alimentos funciona solamente si también queda claro quién los compra y quién los paga.

Hay diferentes sistemas que podéis probar.

Crear un pequeño fondo común

Cada compañero aporta una cantidad para determinados gastos compartidos.

Ese dinero puede utilizarse para comprar:

  • Productos de limpieza
  • Papel higiénico
  • Aceite
  • Sal
  • Azúcar
  • Bolsas de basura
  • Otros productos comunes de cocina

No es necesario incluir toda la alimentación.

De hecho, separar gastos comunes y comida personal suele simplificar bastante la convivencia.

Alternar las compras

Otra posibilidad es turnarse.

Una semana compra una persona determinados productos comunes y la siguiente compra otra.

Puede funcionar si los gastos son similares.

Aun así, conviene apuntar las compras para evitar que una persona termine pagando habitualmente los productos más caros.

Utilizar una lista compartida

Una pequeña pizarra en la cocina o una lista compartida en el móvil evita muchas compras duplicadas.

Cuando se termina algo, se apunta.

Así desaparece la clásica situación:

—¿Queda aceite?

—Creo que sí.

—Yo también pensaba que sí.

Y finalmente nadie compra aceite.

Organizar estas pequeñas tareas puede parecer poco importante, pero forma parte de aprender a gestionar mejor tu día a día. Si quieres profundizar en esta idea, puedes consultar también las ventajas de una buena organización en la universidad. Una buena planificación no solo sirve para estudiar, también ayuda a gestionar compras, comidas y tareas domésticas.

Cómo colocar correctamente los alimentos en el refrigerador

La convivencia es importante, pero también lo es conservar correctamente la comida.

AESAN recomienda mantener la temperatura del frigorífico entre 0 y 5 °C, evitar contaminaciones cruzadas y mantener separados los alimentos cocinados o listos para consumir de los alimentos crudos.

Una organización orientativa puede ser la siguiente.

Parte superior

Puedes reservarla principalmente para:

  • Sobras correctamente envasadas
  • Comida ya cocinada
  • Recipientes abiertos bien protegidos

Zona central

Puede utilizarse para alimentos como:

  • Yogures
  • Quesos
  • Huevos
  • Embutidos

Parte inferior

Aquí deberían situarse especialmente los alimentos crudos y perecederos, como carnes o pescados, dentro de recipientes adecuados.

Esto ayuda a impedir que los líquidos de estos productos entren en contacto con alimentos cocinados o preparados para consumir.

Cajones

Normalmente son adecuados para frutas y hortalizas.

Puerta

Puede utilizarse para determinados productos como:

  • Bebidas
  • Salsas
  • Margarinas
  • Otros alimentos apropiados para esta zona

La Organización Mundial de la Salud también recomienda, entre sus cinco claves para la seguridad alimentaria, mantener la limpieza, separar alimentos crudos y cocinados y conservar los alimentos a temperaturas seguras.

No hace falta obsesionarse con cada centímetro del frigorífico.

Basta con combinar orden, sentido común y unas normas básicas de conservación.

El verdadero enemigo: los alimentos abandonados

Todo piso de estudiantes termina teniendo uno.

Ese táper.

Nadie sabe exactamente de quién es.

Nadie recuerda cuándo apareció.

Todos lo miran cada vez que abren el refrigerador, pero nadie quiere asumir la responsabilidad.

La solución es bastante sencilla: hacer una revisión periódica del frigorífico.

Por ejemplo, podéis establecer que una vez a la semana cada persona revise sus productos.

Conviene comprobar:

  • Qué alimentos deberían consumirse pronto
  • Qué recipientes están vacíos
  • Qué productos ya no se van a utilizar
  • Si existe algún derrame
  • Qué cosas ocupan espacio innecesariamente
  • Qué productos deben añadirse a la próxima compra

Además, revisar lo que tienes antes de hacer la compra evita comprar alimentos que ya estaban olvidados al fondo del frigorífico.

Las 10 normas del refrigerador compartido

Si quieres resumir todo el artículo en un pequeño pacto de convivencia, podría ser este:

  1. Respeta la comida de los demás.
  2. Si dudas de si algo es común, pregunta.
  3. Mantén tu zona razonablemente ordenada.
  4. No ocupes medio refrigerador después de una compra enorme.
  5. Etiqueta aquello que pueda generar dudas.
  6. Guarda correctamente los alimentos crudos y cocinados.
  7. Limpia cualquier derrame que hayas provocado.
  8. No abandones comida durante semanas.
  9. Apunta los productos comunes cuando se terminen.
  10. Habla de los problemas antes de convertirlos en una discusión.

Parece básico.

Precisamente por eso funciona.

Qué hacer cuando alguien se come tu comida

Sucederá.

Quizá una vez accidentalmente.

Quizá más.

La primera reacción puede ser escribir en el grupo del piso:

“QUIEN SE HAYA COMIDO MI PIZZA QUE CONFIESE.”

Puede resultar divertido, pero probablemente existen formas mejores de resolverlo.

Empieza preguntando.

A veces alguien simplemente pensaba que el producto era común.

Si ocurre repetidamente, entonces sí merece la pena recordar las normas que habíais acordado.

Lo importante es hablar del comportamiento concreto, no atacar a la persona.

Mejor:

“Esta semana han desaparecido dos cosas de mi balda. ¿Podemos respetar las zonas individuales?”

Peor:

“Siempre haces lo que te da la gana.”

La diferencia parece pequeña, pero la segunda frase puede convertir un problema con un yogur en una discusión sobre toda vuestra convivencia desde septiembre.

La convivencia no termina en el refrigerador

Organizar el frigorífico es solamente una parte de compartir piso.

También conviene hablar desde el principio de cuestiones como:

  • Limpieza de la cocina
  • Turnos del baño
  • Basura y reciclaje
  • Compra de productos comunes
  • Lavadora
  • Visitas
  • Fiestas
  • Ruido
  • Horarios de descanso
  • Uso de espacios comunes

No necesitáis establecer normas para absolutamente todo.

Pero sí merece la pena hablar de las cuestiones que afectan diariamente a otras personas.

Cuando te vas a estudiar fuera de casa, pasas de unas normas familiares que llevas años conociendo a convivir con personas que probablemente tienen hábitos completamente distintos.

También es importante que tu habitación y las zonas comunes sean lugares agradables donde puedas descansar y concentrarte. En ese sentido, puede interesarte esta guía para conseguir un buen ambiente de estudio en la universidad. Un piso ordenado y funcional también puede hacer más sencilla tu rutina académica.

Un ejemplo sencillo de acuerdo para el piso

Si acabáis de llegar al piso, podéis utilizar algo tan sencillo como esto.

Refrigerador

  • Cada persona dispone de una zona propia
  • Existe un espacio para productos comunes
  • La comida personal no se utiliza sin preguntar
  • Una vez por semana cada uno revisa sus productos

Compra

  • Aceite, sal, azúcar y determinados productos de limpieza son comunes
  • El resto de la comida es individual salvo acuerdo previo
  • Los gastos comunes se anotan y se reparten

Cocina

  • Cada persona limpia después de cocinar
  • Los utensilios comunes vuelven a su sitio
  • No se dejan platos durante días en el fregadero
  • Los restos de comida se guardan correctamente

Convivencia

  • Si algo molesta, se habla directamente
  • Las normas pueden modificarse si dejan de funcionar
  • Las zonas comunes deben quedar disponibles para todos
  • Antes de utilizar algo de otra persona, se pregunta

No hace falta mucho más.

cuatro estudiantes cocinando en la cocina del piso compartido

Las reglas sencillas suelen ser más fáciles de cumplir que un complicado calendario que nadie volverá a consultar después de la primera semana.

Vivir en un piso de estudiantes también es aprender

La universidad no ocurre únicamente dentro del aula.

Vivir por primera vez con compañeros obliga a desarrollar habilidades que probablemente no aparecen en los apuntes.

Aprendes a:

  • Organizar tus gastos
  • Planificar las compras
  • Cocinar
  • Mantener una casa
  • Compartir espacios
  • Negociar pequeñas decisiones
  • Respetar las costumbres de otras personas
  • Resolver conflictos cotidianos

También empiezas a descubrir cosas sorprendentes.

Que el papel higiénico no aparece mágicamente.

Que cocinar para cuatro puede ser más práctico que cocinar cuatro veces.

Que alguien tiene que bajar la basura.

Que los platos no se lavan solos.

Y que poner tu nombre en un táper puede evitar más discusiones que muchas reuniones de piso.

Con un poco de organización, el refrigerador deja de ser territorio en disputa y vuelve a cumplir su verdadera función:

guardar la comida.

Preguntas frecuentes sobre el refrigerador compartido

¿Cuál es la mejor manera de dividir el refrigerador entre compañeros?

Una combinación de zonas individuales y una pequeña zona común suele ser muy práctica. También debe respetarse la colocación adecuada de alimentos crudos, cocinados y perecederos.

¿Qué productos es mejor compartir en un piso de estudiantes?

Productos básicos cuyo consumo sea parecido, como aceite, sal, azúcar o algunas especias. Otros alimentos pueden compartirse si todos los compañeros están de acuerdo.

¿Es mejor compartir toda la comida?

No necesariamente. Puede funcionar entre personas con hábitos similares, pero un sistema mixto de alimentos personales y comunes suele ser más sencillo.

¿Cómo sabemos si podemos coger algo del refrigerador?

Una regla muy útil es considerar que todo alimento es personal salvo que esté claramente identificado como común.

¿Qué temperatura debe tener el frigorífico?

AESAN recomienda mantener el frigorífico entre 0 y 5 °C.

¿Dónde debería guardarse la carne o el pescado crudo?

En las zonas inferiores del frigorífico y correctamente protegido, evitando el contacto con alimentos cocinados o listos para consumir.

¿Cómo evitar que se acumule comida olvidada?

Haced una revisión periódica. Cada compañero puede comprobar sus productos antes de realizar la compra semanal y retirar aquello que ya no vaya a consumir.

¿Qué hacemos si las normas del piso no funcionan?

Cambiadlas. Un acuerdo de convivencia debe ser útil. Si una norma genera más problemas de los que resuelve, habladlo y buscad otra forma de organizaros.

Conclusión

Compartir piso durante la etapa universitaria puede convertirse en una de esas experiencias que recordarás durante años. También puede enseñarte rápidamente que la convivencia funciona mucho mejor cuando las pequeñas cosas están claras.

Dividir el refrigerador, decidir qué alimentos son comunes, organizar las compras y respetar la comida de los demás evita muchos conflictos innecesarios.

No necesitáis decenas de reglas. Bastan unas pocas, conocidas y aceptadas por todos.

Y ahora queremos conocer tu experiencia. ¿Qué normas teníais en vuestro piso de estudiantes? ¿Alguna vez alguien se comió algo que llevabas días esperando?

Cuéntanoslo en los comentarios y comparte este artículo con ese compañero de piso que todavía cree que todo lo que encuentra en el frigorífico es de uso comunitario.